Un paso más

Tras lograr salir, y meditar y repasar cómo se dieron ciertas circunstancias, ahora puedo ver, cada vez con mayor claridad, cómo fue que llegué al estado al que llegué y en el que hasta hace unos meses me vi atrapado durante año y medio. Fue mi asunto y tal vez estuve mal.

Sí, ciertamente yo soy el primero en reconocer que me propicié varias situaciones poco menos que idóneas (sí, dicho de forma eufemística), y que tuve que enfrentar. En realidad, más que las situaciones en sí o el enfrentarlas, el verdadero asunto radicó en encarar lo que dentro de mí surgía como consecuencia. Y no siendo ello suficiente, además tuve que escuchar incontables veces que estaba total y absolutamente equivocado, y resistir las críticas y rechazo por mi “forma de ser”, pero como dije y mantuve, mi camino era, y es, mi camino, y por muy cuestionable que pueda parecer, sinceramente no estaba dispuesto a cambiar por nada mi convicción en él (prácticamente mi fe en mí), pues aparte de un conocimiento, eso era lo único que tenía y que me motivaba a seguir.

Por ciertos conceptos acerca de mí mismo o de muchas circunstancias en general, no me fue fácil, bien podría decir que verdaderamente crucé una purificación por fuego nada grata, para entonces poder comenzar a entender ciertas verdades respecto a la vida.

Pagué un precio por seguir aquello en lo que creo, pero ahora que afortunadamente logré sobrevivirme a mí mismo, ciertamente me quedo con una gran enseñanza.

Obtener conocimiento, aunque es un paso vital, en realidad sólo es el primer escalón. Para tener resultados constantes uno debe ascender al siguiente, esto es, al sentir de certeza (la convicción o la fe correcta) de que la verdad aprendida realmente es la verdad, al sentimiento de amor, al reconocimiento consciente del bien absoluto, de la totalidad del bien. Pero si la adquisición de un conocimiento relativamente amplio y completo, con cierto grado de comprensión y con el menor número de dudas posibles, no es fácil, ya que en la vida diaria siempre existen esas cuestiones “prioritarias” a ser resueltas, ni qué decir de llegar a la certeza, por lo menos a un cierto grado comprobable.

No siempre es fácil, definitivamente no. ¿Cuántas experiencias negativas, incontables casi, debemos vivir y luego llorar por sentirnos hasta el fondo del pozo más obscuro? Sin embargo, es justo cuando nos quedamos absolutamente despojados de todo aquello que conformaba nuestra vida y nuestro ser, que de pronto una lectura, tras años de estudio y de pasos erráticos, logra un cambio verdaderamente fundamental en nuestro corazón… y en ese momento, a sólo un paso podemos estar de descubrir que hemos vivido nuestra última “desgracia”, pues si con ese cambio de perspectiva en nuestro corazón logramos mantener un pensar correcto y nos esforzamos en evocar el sentir correcto por aplicarnos a recordar, saber y sentir que sólo el bien es real y que siempre está en continua y constante operación, poco a poco, con el paso del tiempo, y si también hemos aprendido a observar cuidadosamente el desarrollo de la vida, poniendo atención al presente sin olvidar el pasado, entonces finalmente empezamos a comprender que en realidad así es, ¡todo trabaja para nuestro bien!, y es sólo entonces también, que el entendimiento de Dios, la vida, la verdad y el amor comienza gratamente a germinar en nuestro interior: la gratitud sincera surge por todo nuestro pasado, ya que a nuestra mente llega el reconocimiento consciente de que simplemente fue el medio necesario para despojarnos de todo lo inservible y el camino que debía ser recorrido para llegar hasta donde ahora estamos.

Sí, de pronto fue todo un “valle de lágrimas” (suena cursi, pero ahora ya puedo reirme de ello), sin embargo, llegar hasta el fondo en casi todos los aspectos de mi vida me ha permitido obtener un enfoque más claro y real de muchos temas. No digo haberlo hecho totalmente ni mucho menos, pero es la primera vez que he logrado acercarme siquiera para comenzar a sentir la bendición o los frutos de ello, y para comenzar a apreciar mínima y verdaderamente el potencial que existe en uno. Es indudable que aún falta mucho por recorrer, comprender y comprobar, pero ese sentimiento de que el saber está en cierto modo desenvolviéndose en un sentir, aunque sea de forma incipiente, es algo muy particular. Todo el enfoque cambia.

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La batalla por hacer del conocimiento una realidad. El camino de la ciencia de la vida.