Soledad

Todo nuestro mal proviene de no poder estar solos: de ahí el juego, el lujo, la disipación, el vino, las mujeres, la ignorancia, la maledicencia, la envidia y el olvido de uno mismo y de Dios.
—Jean de la Bruyère (1645-1696), escritor francés.

¿Por qué se rehuye la soledad? Porque son muy pocos los que se encuentran en buena compañía consigo mismos.
—Carlo Dossi (1849-1910), escritor italiano.

Las grandes elevaciones del alma no son posibles sino en la soledad y en el silencio.
—Arturo Graf (1848-1913), poeta italiano.

Los neurasténicos aman la soledad como los malos estómagos gustan de los alimentos ácidos, a sabiendas de que les son fatales.
—Armando Palacio Valdés (1853-1938), escritor español.

Sin el amor que encanta, la soledad de un ermitaño espanta.
¡Pero es más espantosa todavía la soledad de dos en compañía!
—Ramón de Campoamor (1817-1901), poeta español.

El hombre solitario, o es una bestia o un dios.
—Aristóteles (384-322 a.C.), filósofo griego.

La soledad puede servir en un momento dado, casi siempre después de un periodo de mucha intensidad, pero hay que salir, proyectarse en el otro.
—Debra Winger, actriz estadounidense.

Paradójicamente, la capacidad de estar solo es la condición indispensable para la capacidad de amar.
—Erich Fromm (1900-1980), psicólogo y filósofo alemán.