Previsto

Sólo era cuestión de tiempo, mi presencia en el trabajo ya no es requerida… “any more”.

Calle vacía, flechas indicando dirección

Sí, este momento se veía venir, y con justa razón, pues era una situación recíproca de disgusto, de mí hacia la gente y viceversa.

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

No es que yo, inicialmente, tuviese algo en contra de la gente, fuesen los clientes o los empleados, simplemente que mi sentir, aunque mejor de como estuvo a fines del año pasado, y más tomando en cuenta que finalmente había podido regresar a mis clases, en realidad seguía bastante traqueteado y errático.

Supongo que sería intrascendental (y lo es) querer justificar el desarrollo de la situación a la que en última instancia se llegó, sin embargo, ciertamente considero que hubo factores que tampoco contribuyeron a promover lo mejor de mí. Sí, diariamente hacía mi esfuerzo por estar lo mejor posible, pero es un hecho que en términos generales estaba de “mírame y no me toques”, estado nada idóneo en un trabajo en el que en cada instante está uno tratando con gente, ya que, a pesar de lo que quiera pensar y creer de sí misma, verdaderamente anda bastante perdida en muchos conceptos, empezando con el hecho de creer que porque uno esté realizando una labor de “bajo estatus”, como el estar de mesero, ello signifique que uno esté verdaderamente en ese nivel, y más aún, que uno esté ahí para tolerar el tipo de trato o actitudes que suele tener dada esa perspectiva.

Eso me recuerda la escena de la película “Un paseo por las nubes”, en la que el señor le dice a Keanu, “don’t think that because I speak with an accent, I think with an accent”, dándole a entender que no por ser de origen mexicano, ello implicaba que pensara como tal (denotando, evidentemente, los aspectos negativos).

Sea como sea, no es que me agradara, pero sí me hacía mucha gracia observar el comportamiento de la gente. En fin, qué puede uno esperar cuando la mayoría está tan acostumbrada a guiarse únicamente por las apariencias o por conceptos predefinidos (prejuicios). Y no obstante ello no es de extrañar en absoluto, lo que sí fue decepcionante fue la respuesta de quien, a pesar de su conocimiento y de lo que en su momento recibió de mí, tuvo para conmigo. Puedo entender la parte relativa al negocio, pero el trascender a un punto más allá de lo laboral, eso sí fue la estocada final. ¡Qué se le va a hacer!

Desapareció uno de mis últimos lazos, si no es que el último.
Y con esto doy por concluida una muy larga etapa.
Empiezo de cero.

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¡Qué negra la noche nublada de julio!
—Tagore