Práctica zen, 3 elementos

Zen BodhidharmaLo que estoy a punto de decir, se aplica sobre todo al zen daijo, que se dirige especialmente al satori, aunque en menor grado también abarca al saijojo.

El primero de los tres elementos de la práctica zen, es una fe profunda (daishinkon: 大信根) que va más allá de una creencia. El ideograma de kon significa “raíz” y el de shin, “fe”. Por tanto la frase implica una fe firme y profundamente enraizada, inamovible, como un árbol inmenso o una roca enorme. Es una fe, además, sin los tintes de la creencia en lo sobrenatural o en la superstición. El budismo con frecuencia ha sido descrito a la vez como una religión racional y como una religión de sabiduría. Pero lo que lo hace una religión es este elemento de fe, sin el cual sería sólamente una filosofía. El budismo comienza con la iluminación suprema del Buda, a la que llegó después de extenuantes esfuerzos. Por tanto nuestra fe es profunda en su iluminación, en la sustancia de la proclamación de que la naturaleza humana, toda la existencia, es intrínsicamente completa, sin fallas, omnipotente, en una palabra, perfecta. Sin una fe inamovible en la enseñanza del Buda en el corazón es imposible llegar lejos con la práctica.

La segunda cualidad indispensable es una sensación de fuerte duda (daigidan: 大疑団). No es una simple duda, dénse cuenta, sino una “masa de duda” que inevitablemente surge de una fe profunda. Es una duda de por qué el mundo y nosotros parecemos tan imperfectos, tan llenos de ansiedad, sufrimiento, dolor, cuando de hecho nuestra fe profunda nos dice que exactamente lo contrario es cierto. Es una duda que nos deja sin tregua; es como si supiéramos muy bien que somos millonarios, sin embargo inexplicablemente nos encontrámos en extrema necesidad sin un centavo en la bolsa. Una gran duda, entonces, existe en proporción a una fe profunda.

Puedo ilustrar este estado mental con un ejemplo muy simple. Piensen en un hombre que está sentado fumando y de pronto ya no encuentra la pipa que hace un momento tenía en la mano. Empieza a buscarla con la absoluta certeza de que la hallará. Estaba allí hace un momento, nadie se ha acercado, no pudo haber desaparecido. Cuando más tarde en encontrarla, mayor es su energía y determinación de hallarla.

De esta separación de duda surge naturalmente el tercer elemento esencial: una fuerte determinación (daifunshi: 大憤志). Es una determinación avasalladora de deshacerse de esa duda con toda nuestra energía y voluntad. Al creer con todos los poros de nuestro cuerpo en las palabras del Buda y su verdad de que todos estamos dotados con una Mente-bodhi inmaculada, nos decidimos a descubrir y experimentar la realidad de esta Mente en nosotros. El otro día una persona que había malentendido el estado mental que se necesita para estos tres elementos esenciales, me preguntó, “¿Creer que somos Budas, no sería igual que aceptar que el mundo es perfecto tal cual es, como uno acepta que los sauces son verdes y los claveles rojos?” Es evidente el error de esto. Si no nos preguntamos por qué existen la ambición y el conflicto, por qué el hombre ordinario actúa como cualquier cosa menos un Buda, no surgirá entre nosotros determinación alguna para resolver la contradicción obvia entre lo que creemos como fe y lo que nuestros sentidos nos dicen como algo exactamente opuesto, y por tanto nuestro zazen no tendría esa fuente de poder primordial.

Ahora relacionaré estos tres elementos esenciales al zen daijo y saijojo. Mientras todos están presentes en el daijo, la duda es el acicate principal para el satori puesto que no da tregua alguna. De modo que por medio del zen daijo experimentamos más rápidamente la resolución de la duda y el satori.

Por otra parte, en el zen saijojo el elemento de fe es más fuerte. No existe una duda fundamental del tipo de que ya hemos mencionado, así pues no nos vemos impelidos a resolverla, pues nos sentamos con la fe absoluta de que inherentemente somos Budas. A diferencia del zen daijo, el zen saijojo, que ustedes recordarán es el tipo de zen más puro que no requiere una lucha ansiosa por la iluminación, es un zazen que al madurar naturalmente culmina en la iluminación. Pero a la vez, el saijojo es el zen más difícil de todos, ya que exige que nos sentemos resuelta y decididamente.

Sin embargo, en ambos tipos de zazen los tres elementos son indispensables, y los antiguos maestros han dicho que mientras estén presentes simultáneamente es más fácil fallar en tocar el suelo al dar un golpe con el pie que fallar en alcanzar la iluminación perfecta.

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De “Los tres pilares del Zen”, de Rōshi Philip Kapleau (estudiante del Maestro Zen Japonés, Hakuun Ryoko Yasutani).