Olvidar

Dada la queja tan frecuente acerca de la “mala memoria”, es evidente que muchos valoran el poder recordar cuanto sea posible. Así, decenas de métodos y cursos se han creado para “mejorar” la memoria, sea de corto, mediano o largo plazo. Entonces, si bien es usual pensar que mientras más pueda recordarse, mejor debe ser, en realidad olvidar es igual de valioso.

Olvidar es aprender a soltar y dejar atrás todo aquello que se carga, simbólicamente hablando, de forma innecesaria, sean memorias que dejaron de ser útiles o, peor aún, que sólo actúan como espinas por mantener vivas situaciones que, al margen de lo dolorosas que pudieran haber sido en su momento, simple y sencillamente ya no existen. ¿Tiene algún sentido, o cumple alguna función, verdaderamente, mantener recuerdos que no hacen sino ocasionar dolor cada vez que se traen a la mente?

En mi experiencia, no han sido pocas las ocasiones que al decirle a alguien, “¿y por qué no lo olvidas?”, surge la inevitable respuesta, “¿pero cómo lo voy a olvidar? !No puedo olvidarlo!”. Cierto, de primera instancia así podría parecer, pero contrario a lo supuesto, uno puede aprender a olvidar, tal como se haría con cualquier otra habilidad.

Si se consideran los principios detrás de los métodos para mejorar la memoria, entonces fácilmente puede comenzarse a establecer lo requerido para olvidar.