My fish

O de cómo mi pez se convirtió en “my fish” 🙂

Aunque nunca he sido particularmente afecto a lo peces (mi ideal sería tener un perro), por alguna extraña razón, desde hace un tiempo empecé a considerar la idea de adquirir un pez. Tras comentarlo en algunas ocasiones, finalmente una amiga me regaló un betta con su comida, el azul de metileno y una pecera esférica relativamente grande. Curiosamente, unas cuantas semanas antes ella se había comprado uno.

Dibujo de un pez Betta azulTotal, preparé la pecera, puse al pez, le eché sus hojuelas de comida y me senté a observarlo. De unos cinco centímetros de largo, de tonalidad morada, con una delgada aleta dorsal, otra inferior (la aleta anal) más grande que empieza por la región abdominal y que se extiende casi hasta el final de su cola semiovalada (la aleta caudal), y con dos muy delgadas (las aletas pélvicas) que surgen cerca de las agallas. Estas dos últimas las lleva hacia al cuerpo mientras está nadando y luego las deja caer al detenerse. También tiene una aleta pectoral en cada lado de su cuerpo, las cuales me recuerdan las alas de un colibrí por la forma en que las mueve. De hecho, estas aletas casi siempre las tiene en movimiento. Un pez muy bonito en realidad.

En fin, con el paso de los días empecé a detectar varios detalles. En primer lugar, prácticamente no hacía nada, absolutamente nada! Digo, supongo que no es mucho lo que uno debe esperar de un pez, no? Pero sinceramente yo sí esperaba que fuera ligeramente más interesante de lo que estaba resultando ser. En segundo lugar, y más preocupante aún, era que tampoco comía! O sea, qué onda con este bicho? Las hojuelas se quedaban flotando para luego irse hundiendo con el paso de los días y terminar enmoheciéndose en el fondo de la pecera. Mientras que al principio hacía como me habían indicado: echarle hojuelas dos o tres veces al día, después decidí hacerlo sólo una vez al día… y finalmente una vez cada tres o cuatro días. Pues ni así, el canijo simplemente no comía.

En cambio, el betta de mi amiga, apenas la veía, nadaba hacia la superficie y comenzaba a danzar como bailarina árabe. Más tardaba en caer la comida al agua, que el pez en arrasar con ella. Evidentemente, la burla comenzó a ser que mi pez se había mimetizado conmigo y que también era fakir (la mala fama que me hacen mis detractores, claro está). El caso es que mientras mi betta seguía igual, el de ella crecía y crecía. Cómo habrán sido las cosas, que un día le sugerí cambiar de peceras, pues la suya era más pequeña y su pez de plano ya no cabía ahí. Cosas raras, después del cambio, su pez comenzó a quedarse quieto la mayor parte del tiempo y también comenzó a comer menos… la maldición de la pecera?

Total, entre una cosa y otra pasaron cerca de tres meses. Cómo sobrevivió el pez todo ese tiempo? Ni idea, pero fue entonces que decidí ponerme a investigar sobre estos bichos.

Revelación del año: estos peces son carnívoros y, en términos generales, no suelen ser particularmente afectos a la dizque “comida especial para bettas” (en serio?). Armado con este conocimiento, un día agarré un bichito volador y lo eché, aún medio vivo, a la pecera… Wow! Por primera vez vi reaccionar y comer a mi pez, y de qué manera! La escena en la película de Tiburón, en donde el tipo va en la parte posterior de la lancha echando comida y de repente surge del agua el tiburón mostrando su dentadura, se quedó chica en comparación. En ese momento dejó de ser simplemente un pez que tenía y pasó a convertirse en “my fish”, yes!

A partir de ese descubrimiento comencé a echarle cuanto bicho me encontraba. He aquí los resultados:

  • Mosquillos, uno de sus alimentos favoritos y además promueven su instinto predador.
  • Arañitas, excelentes como estímulo para su espíritu guerrero, juega a destrozarlas pero no se las come; una de las escenas más divertidas fue cuando le puse una de esas “patas largas”, se la pasó enredado entre las patas de la araña largo rato y después la hizo caldo.
  • Palomillitas, guácala, nada que ver.
  • Artemias, estos simpáticos animalitos son, definitivamente, otros de sus favoritos.

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Chiste inventado:
(ella) —Y qué hace tu pez?
(yo) —Nada.