Kung Fu

Dada mi personalidad introvertida, desde chico me llamaron mucho la atención las artes marciales, pues al margen de su espectacularidad, también representaban un camino para no ser blanco de los niños típicamente busca-peleas. Por cuántas no pasé hasta la secundaria, ya fuera en el patio de recreo o en la calle tras el consabido “te espero a la salida…” (¡kowai!).

Kung-fuUno de mis programas verdaderamente favoritos en la infancia fue “Kung Fu” (un clásico de los años 70). Como en aquella época la educación familiar solía ser bastante más rigurosa que ahora, ni soñar con poderme quedar despierto para ver la serie, había que irse a dormir temprano. Sin embargo, a eso de las nueve de la noche, mi papá nos despertaba (a mi hermano y a mí), preparábamos la grabadora con un cassette, nos acomodábamos y cada vez que empezaba la melodía que indicaba un recuerdo de la infancia de Kwai Chang Caine (protagonizado por David Carradine), encendíamos la grabadora y todos calladitos para que las citas se escucharan lo mejor posible.

De forma evidente, y como cualquier niño que gustara de las artes marciales, normalmente me imaginaba viviendo en un monasterio Shaolin con un maestro como el Maestro Po.

Kwai Chang — De todas las cosas, vivir en la oscuridad debe ser lo peor.
Maestro Po — El temor es la única oscuridad. Nunca asumas que porque un hombre no tenga ojos, no puede ver. Cierra tus ojos. ¿Qué escuchas?
Kwai Chang — Escucho el agua. Escucho las aves.
Maestro Po — ¿Puedes oir los latidos de tu corazón?
Kwai Chang — No.
Maestro Po — ¿Escuchas al saltamontes que está a tus pies?
Kwai Chang abre sus ojos, mira hacia sus pies y descubre un saltamontes ahí, ¡justo al lado de su pie!
Kwai Chang — Anciano, ¿cómo es que puedes escuchar estas cosas?
Maestro Po — Joven, ¿cómo es que tú no puedes?

El Maestro Khan también era muy sabio, pero más severo.

Percibe el camino de la naturaleza y ninguna fuerza del hombre podrá dañarte. No te encuentres con el golpe: evítalo. No tienes que detener la fuerza: es más fácil redirigirla. Aprende más formas para conservar que para destruir. Evita, en lugar de marcar. Marca, en lugar de lastimar. Lastima, en lugar de dañar. Daña, en lugar de matar. Porque toda la vida es preciosa y tampoco puede ser repuesta.
—Maestro Khan.

———
Finalmente, ni me fuí a ningún monasterio Shaolin ni estudié Kung Fu. Aunque, de forma increíble, ¡todavía conservo un cassette de esa época!!