Judo

En alguna época de la primaria estuve un período corto en el Judo: creo que avancé tres grados (¿hasta cinta verde?). En realidad nunca llegó a atraerme mucho. Ni falta hace decirlo, tampoco me ayudó mayormente a obtener más confianza en mí mismo.

Mientras que hasta quinto de primaria estuve en una misma escuela, el sexto año lo tuve que cursar en otra, ya que nos mudamos de casa. Sin lugar a duda, y en cuanto a mi “vida social” concierne, ese año fue el peor de mi infancia: si de por sí nunca me había sido particularmente fácil interrelacionarme con los compañeros, ahora, llegar a formar parte de un grupo integrado y al final de una etapa, realmente fue extremo. Cómo detesté esa escuela. De forma evidente, opté por refugiarme más aún en mi propio mundo, es decir, en la lectura. Realmente me encantaba leer. De hecho, no sé como terminé ese año con tan buenas calificaciones (9 cerrado), pues en las clases, por lo menos las que eran en español, siempre tenía mi libro debajo del escritorio, y yo lee y lee, aún a pesar de que la maestra se dedicaba todo el tiempo a llamarme la atención (y yo a ignorarla, jeje).

Por azares del destino o porque mis papás percibieron que ese lugar no estaba favoreciendo mi desenvolvimiento (por lo menos más allá de una cuestión meramente académica), al término del ciclo escolar me cambiaron de escuela.