Feliz 2009

Un año que promete ser… ¿cómo decirlo, en extremo interesante?

No sé si esa será la palabra adecuada para describir lo que este año puede implicar. Supongo que en realidad debería emplear no una, sino un extenso número, pues de llevarse a cabo cierto proyecto, mi vida va a cambiar radicalmente.

Reconozco que no alcanzo a vislumbrar siquiera mínimamente la magnitud del cambio, de lo que va a conllevar. No, realmente no puedo visualizar esa nueva vida y que sin lugar a duda llegará con la fuerza de un alud.

La advertencia ha estado de forma repetida, ¿mas qué puedo decir? No creo en las advertencias; es más, considero que son absurdas, en términos generales. Las cosas se hacen o no, no hay más.

Obviando el hecho de que la mayor parte de las decisiones suelen tomarse de forma meramente intuitiva y sin contar con más argumento que aquél que uno haya elegido encontrar para fundamentarlas, uno podría dedicar incontables horas, generar exahustivas listas, hacer escrupulosas comparaciones, analizar meticulosamente los factores involucrados, y entonces llegar a una respuesta “lógica” o “matemática” que “demostrará” si la idea es viable o no, según la incertidumbre, el riesgo o los problemas encontrados sean menores o mayores que las ventajas. Sin embargo, y al margen del método empleado, sea el oráculo más exótico, la computadora más potente o una simple moneda al aire, la realidad es que es imposible prever nada, no existe garantía de nada.

Dado que la realidad puede corresponder o no a lo supuesto respecto a cierta idea, independientemente de que se haya creido factible o no, ¿qué debe uno concluir? Desde mi punto de vista, si uno cree en algo, entonces no queda sino avanzar hacia ello y cerrar la puerta a todo pensamiento de duda.