Entrevista a Roshi Kapleau

Rōshi KapleauTricycle: ¿Ve usted su propia enfermedad en términos de consecuencia?

Rōshi Kapleau: Sí. Es por eso que yo nunca pregunto amargamente como lo hace mucha gente: “Qué habré hecho para merecer esto?” La respuesta sería: “¡Mucho!”.

Tricycle: ¿Qué efecto han tenido las enseñanzas sobre el renacimiento, la reencarnación, los no nacidos, lo imperecedero, en la manera en que usted ve su propia vida, su propia muerte?

Rōshi Kapleau: Normalmente no pienso mucho en mi propia muerte, pero fui obligado a hacerlo cuando me diagnosticaron el mal de Parkinson. De hecho, llegué a pensar que me iba a morir, y no sentí temor sino curiosidad más que cualquier otra cosa. Me preguntaba qué iba a suceder después, y esperaba con interés una experiencia completamente nueva. Las enseñanzas sobre el karma y el renacimiento, si se comprenden bien, pueden ser muy tranquilizantes (no sólo cuando realmente se está enfrentando la muerte sino también en otras ocasiones en la vida, como en una enfermedad dolorosa). La meta del budista no es el renacimiento. La meta máxima (si uno tiene una meta, y hasta cierto punto todos la tenemos) es cómo trascender al cuerpo con sus dolores y enfermedades, para así lograr una conciencia pura. Esto es muy difícil de imaginar. La vida y la muerte, como mi maestro solía señalar, son sencillamente diferentes nombres para diferentes estados. No son estados permanentes. Si le pudiéramos dar un nombre, la realidad básica es la Vida con “V” mayúscula. El nuestro no es un universo inerte, es un universo vivo; de modo que lo que llamamos vida y muerte son únicamente estados temporales, transformaciones temporales, nombres para nuestro verdadero yo en un tiempo y en una situación. El que ha vislumbrado ésto, adquiere una visión cósmica. Desde el punto de vista Absoluto, todos somos inmortales. Por medio del budismo sabemos (y la ciencia indudablemente lo confirma) que existen numerosos universos. Recuerdo una edición del Newsweek que decía que los científicos iban a poner en operación un programa para investigar si había vida significativa (vida humana) en otro planeta. Como parte del proyecto se le pidió a docenas de artistas que ilustraran el tipo de cuerpos que podrían tener estos seres. Esto fue muy revelador, ya que nunca se sugirió que pudiera existir vida sin cuerpo, sencillamente conciencia pura. Quizá usted recuerde que cuando Buda estaba muriendo y sus discípulos lloraban, él los regañó diciendo: “en este momento en que este cuerpo que alberga tanta enfermedad, y está a punto de salir, ahora que los terribles peligros de existir están a punto de salir, y que surgiré del sufrimiento sin fin, y llegaré a un estado que está más allá de cualquier éxtasis o contento imaginable, ¿es el momento para llorar? Deberían estar riendo alegremente”.

Tricycle: ¿No afectan las enseñanzas el dolor físico?

Rōshi Kapleau: Existió un maestro zen que al morir gritaba, gemía y se quejaba. Uno de sus discípulos le preguntó: “¿Maestro, como es que usted está atravesando tanto dolor, con todo su desarrollo espiritual?” El maestro contestó: “Mis gemidos y mis quejas son sólo otro nombre para mi risa”.

Tricycle: ¿Ha tenido usted experiencias en que sienta miedo de morir?

Rōshi Kapleau: Hasta este momento no las he tenido. No sé qué sucederá en el futuro.

Tricycle: ¿Correspondió su enfermedad a algún ajuste en la manera en que entendió las enseñanzas?

Rōshi Kapleau: No, ya que lo que hice o dejé de hacer, reflejaba mi karma. No culpo a nadie. El budismo nos enseña que la principal razón del nacimiento no es la voluntad de nuestros padres; ésta es una razón secundaria: los padres proporcionan un cuerpo. La razón principal es el propio deseo de renacer. Según dijo alguien: “El deseo de vivir hace al hombre renacer”.

Tricycle: Reflexionando sobre sus experiencias y las alternativas que tuvo para traer el zen a este país, ¿Habría cosas que hubiera hecho de forma diferente?

Rōshi Kapleau: No. Tal como dije antes, lo que hice fue un reflejo del trabajo de mi karma en ese momento. Cuando el karma de una persona cambia, también ella cambia. Me siento muy agradecido y no tengo absolutamente nada que lamentar. ¿Cómo podría?

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Fragmento de la entrevista hecha por Helen Tworkov en casa de Rōshi Kapleau (para Tricycle, marzo 93).