Cuestión de perspectiva

Mucho se ha dicho que nunca acepto lo que se me dice y que siempre quiero tener la razón. ¿Qué puedo decir?

Optar por seguir cuanto consejo u opinión nos diesen, tal como pensar que nuestra vida depende de un poder más allá, y que nos rige y controla, tal vez pudiera parecer muy fácil, ya que ello nos exentaría de toda responsabilidad, mas eso no funciona para mí. Me queda claro que yo soy el único responsable de mi vida; ¿acaso no se dice que cada uno es el árbitro de su propio destino? ¿Para qué preocuparse entonces por lo que los demás crean que uno debería hacer o no hacer? Si nuestra vida es nuestra vida, ¿quién mejor que uno para saber lo que es mejor para uno?

Y aun sin saberlo de forma consciente, pues nuestro escaso desarrollo hace que caminemos la mayor parte de nuestra vida prácticamente a ciegas, ello no hace menos válido el hecho de que en verdad somos seres perfectos y poseemos en nosotros mismos una sabiduría que siempre nos guía. Nos espantamos y nos angustiamos porque desconocemos nuestra esencia, porque ignoramos en dónde radica y cómo utilizar nuestro verdadero poder, porque nos confinamos a un inifinitesimal marco de referencia, o a esa llamada vida material y circunscrita a un tiempo y espacio limitados; en resumen, nos espantamos y nos angustiamos simple y sencillamente porque nos dejamos llevar por las apariencias y obviamos la enseñanza transmitida desde siglos atrás.

Sea como sea, siempre he preferido que mis errores sean mis errores y no los de alguien más, incluso si eso implica cometer más equivocaciones de las debidas. ¿Por qué? Supongo que el porqué radica en que siempre he buscado mis propias respuestas y mi pensar es que para que realmente sean mías, ellas deben provenir de mí. Aquellas ocasiones en las que por alguna razón he aceptado indebidamente respuestas ajenas, simplemente termino por confirmar que no debo apartarme de mis propios principios.

Por ejemplo, el año pasado, durante un examen que presentaba junto con dos compañeras, ocurrió que ambas tenían duda respecto a cierta pregunta. De forma evidente las dos trataron de obtener alguna indicación sobre la respuesta. Total, mi papá, quien nos aplicaba el examen, y su esposa, medio comenzaron a sugerir por dónde iba el asunto. Yo ya había contestado esa pregunta y de hecho tenía la hoja que la contenía enfrente de mí. En eso ella se acerca y tras observar mi respuesta, me dio a entender que estaba mal. Mhh, a pesar de que yo estaba seguro de lo que había contestado, después de escuchar todo el alboroto y las sugerencias comencé a suponer que la respuesta correcta debía ser otra… y la cambié. ¿Adivina qué? Así es, no debí haberlo hecho.

Sí, también es cierto que siempre quiero tener la razón. Bueno, aunque así se expresa, en realidad no es tanto eso, lo que realmente sucede es que suelo ser bastante vehemente cuando de defender mis argumentos se trata: es muy raro que llegue a cambiarlos así porque sí. Claro que no tengo ningún problema en aceptar cuando desconozco cierto tema. En cualquier caso, y a pesar de que de primera instancia ello no suele hacerle mucha gracia a la gente, la realidad es que a veces pareciera que tengo voz de profeta porque la mayor parte de las veces el tiempo me da la razón. ¿Por qué? Porque al margen de la buena intención que exista detrás, el problema es que cada quien parte de su propia perspectiva individual y que puede estar sustentada en una base firme o no, es decir, puede partir de un conocimiento o de una experiencia, o ser tan sólo una creencia o una conjetura sin mayor fundamento. Mi experiencia me ha demostrado que la gente usualmente parte de la segunda postura. Hace muchos años solía disfrutar entrar en cuanto debate se presentara, pues ello me permitía aprender cuando el argumento opuesto era mejor. Sin embargo, dado que en pocas ocasiones la gente realmente tiene buenos argumentos, con el tiempo opté por abandonar este pasatiempo.

En términos generales se me ha cuestionado mucho, pero mi seguridad en lo que sé, en lo que pienso o en lo que creo, básicamente parte de que en su momento lei de temas muy diversos y de que a su vez traté de asimilar o cotejar muchas de las ideas en cuanto a desarrollo personal, contra lo que observaba a mi alrededor. Además, si bien es cierto que he pasado por situaciones poco exitosas, es un hecho que también me han ayudado a refinar mis conceptos y, por ende, a tener más confianza en ellos.