Conclusiones

La razón y la experiencia demuestran que no hay nada más erróneo que brincar a una conclusión cuando se parte únicamente de la percepción o de ideas sin ningún fundamento.

Ten paciencia. Espera hasta recibir una explicación. Existen miles de posibilidades y de las cuales, casi sin excepción, cualquiera de ellas será válida y, sobre todo, completamente alejada de la que elegiste suponer: usualmente optamos por encontrar, mantener y enfrascarnos sólo en la que nos hará sentir mal, ya sea tristes, molestos, enojados o rencorosos. Vence esa tendencia. Mientras desconozcas los hechos, no concluyas.

¿Ya lo hiciste? Entonces revierte el proceso. Al margen de las circunstancias, hipotéticas o reales, tu armonía está antes que todo y que cualquier otra cosa, sin excepción. Confía en el bien.

En última instancia, tienes dos opciones. Puedes inquietarte, molestarte o lo que elijas sentir, quedarte así (o empeorar), y después de quejarte, discutir o de complicar todo, enterarte del porqué y entonces sentirte bien y poner cara de “uy, es que yo había pensado que…”, o simplemente evitar todo este proceso desde un principio. Sinceramente no vale la pena pasar por todo lo primero, y menos aún cuando ello no va a cambiar absolutamente nada, pero… depende de ti.

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Un breve recordatorio…
ante la tortura del silencio.
El camino de la ciencia de la vida.